A.E.F.I.P
Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos
miércoles 16 de enero de 2019 - Edición Nº288
Trabajadores Impositivos » Artículos de interés » 3 dic 2018

Discapacidad e Inclusión


Por:
Lic. María Florencia Leoy

El primer paso para la inclusión de las personas con discapacidad es situarnos en el lenguaje.

Actualmente ya no hablamos de “discapacitado”, “personas con necesidades especiales” o “persona con capacidades diferentes”, o a caso no todos contamos con capacidades distintas mas allá de una discapacidad?

La discapacidad surge de un estado de salud, pero también de la interacción de la persona con el entorno.

Preferimos hablar de personas con discapacidad, las cuales “incluyen a aquellas personas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras pueden impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones que lo demás”[1] De esta manera, la expresión persona con discapacidad dirige su mirada al ser humano, se fija en la persona, sujeto de derechos y deberes.

Muchas veces, sin querer, el lenguaje discrimina. Por tal motivo es importante tener presente siempre la forma de referirnos a las personas con discapacidad.

La forma de hablar, de expresarnos, influye mucho en todo lo que decimos y hacemos, y por supuesto lo que se entiende de lo que decimos, por este motivo hay que cuidar la terminología a la hora de hablar de la discapacidad, y más cuando queremos fomentar la inclusión.

Actualmente hay una apertura en los términos, sobre todo en destacar las posibilidades, las habilidades y las capacidades y no las limitaciones y la discapacidad en sí misma. Al igual que evitar el infantilismo en el lenguaje cuando nos referimos a personas con discapacidad, no tratarlos ni referirnos a ellos como si fueran niños cuando realmente son adultos (lo cual sucede mas en las discapacidades intelectuales). Esto influye en la persona y en el entorno de una manera negativa.

La forma de hablar, del lenguaje, puede determinar la forma de ver la discapacidad. Quitarnos de la cabeza que es mala suerte, o que pena, así no ayudamos a la inclusión y a la normalización.

[1] Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

EN EL ÁMBITO LABORAL

No podemos dejar de observar que existen barreras para ingresar a trabajar en una empresa, organización o institución, pese que a que una persona con discapacidad no necesariamente se encuentra impedida para desarrollarse eficazmente en un puesto de trabajo.

En Argentina contamos con la ley 25.698, la cual sanciona que el Estado nacional está “obligado a ocupar personas con discapacidad que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo en una porción no inferior al cuatro por ciento (4%) de la totalidad de su personal y a establecer reservas de puestos de trabajo a ser exclusivamente ocupados por ellas”, que lamentablemente no se cumple en todos los organismos.

Debemos abrir los ojos, despertarnos y desde nuestro lugar exigir que este cupo se cumpla  en cada uno de los organismos, si es que verdaderamente queremos levantar la bandera de la inclusión.

“El peor error es no hacer nada por pensar que es poco lo que se puede hacer”     E. Burker.

 

BUENAS PRÁCTICAS EN LA INCLUSIÓN EN EL ÁMBITO LABORAL

Por último podemos mencionar ciertos puntos, como buenas prácticas para la inclusión en el ámbito laboral:

  • Hacer foco en las competencias y habilidades, y no en la discapacidad.
  • Realizar ajustes razonables, lo cual hace referencia a modificaciones en adaptaciones necesarias y adecuadas que no impongan una carga desproporcionada o indebida para garantizar a las personas con discapacidad el ejercicio en igualdad de condiciones. Las mismas pueden ser a gran o pequeña escala. Dentro de dichos ajustes se supone contar con salidas de evacuación aptas para personas con discapacidad física (con rampas, por ejemplo), sistema de alarmas aptas para personas con discapacidad visual y auditiva (alamas sonoras y luminosas), comunicados no sólo escritos, sino en sistema brille o, de no poder contar con el mismo, auditivos, para personas con discapacidad visual, haciendo de esta forma accesible la información para todos. Desde un punto de vista más micro, podemos tener en cuenta la orientación de un escritorio dentro de la oficina, para que, por ejemplo una persona con discapacidad auditiva, tenga una visión panorámica del lugar.
  •  Garantizar un trato igualitario, comenzando desde el jefe o director del área, a través de permisos o beneficios que otros empleados no cuentan.

 

“Debemos dejar de creer que las discapacidades hacen que una persona deje de hacer algo. Tener una discapacidad no impide hacer cualquier cosa”

                                                                Benjamín  Snow

 

 

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